Informaciones


Cardenal Grocholewski de visita en la Conferencia Episcopal Venezolana

El Cardenal Prefecto de la Congregación para la Educación Católica, Zenón Grocholweski, realizó este jueves 19 de abril una visita de cortesía a la Conferencia Episcopal Venezolana, en el marco de su visita a Venezuela para la celebración de los 50 años de la Universidad Católica del Táchira y el reconocimiento canónico de esta casa de estudios por parte de la Santa Sede.
El Cardenal Gracholewski fue recibido por la directiva de la Conferencia Episcopal y los obispos miembros de Comisiones Episcopales, quienes desde el martes están reunidos en la sede de la Conferencia revisando el Plan Trienal y determinando los proyectos y programas evangelizadores a realizar. El saludo protocolar estuvo a cargo de Mons. Diego Padrón, Presidente de la Conferencia Episcopal.
En sus palabras Mons. Padrón manifestó la alegría de recibir la visita del Cardenal Grocholewski en este día en que como Iglesia estamos celebrando y dando gracias a Dios por el séptimo aniversario de la elección de Joseph Ratzinger como Sumo Pontífice, e informó que esa misma mañana se había celebrado la eucaristía en acción de gracias por ese aniversario. El Presidente de la Conferencia Episcopal también reafirmó el profundo sentido de comunión del episcopado venezolano con el Santo Padre Benedicto XVI.
El Cardenal Grocholweski agradeció las palabras y la calurosa bienvenida que le habían ofrecido los obispos reunidos. Manifestó también su alegría de haber venido a Venezuela para la celebración de los 50 años de fundación de la Universidad Católica del Táchira y su reconocimiento canónico por parte de la Santa Sede. Se mostró gratamente impresionado por la acogida de la gente de nuestro país y por la fe manifestada por quienes se acercaron a saludarlo.
En sus palabras a los Obispos de las Comisiones Episcopales, el Prefecto de la Congregación para la Educación Católica señaló que su dicasterio se encarga de todo el ámbito educativo que gestiona la Iglesia Católica, y abogó porque las instituciones oficiales sigan apoyando la labor educativa que se realiza en institutos de Iglesia. El Cardenal Grocholwski expuso ejemplos de países donde los gobiernos son ideológicamente contrarios a la fe, pero que sin embargo comprenden el aporte en cuanto a la calidad de enseñanza que ofrecen las instituciones católicas, y sobre todo hizo énfasis en el derecho que tienen los padres y las personas que estudian a elegir la mejor forma de estudios que crean conveniente.
El Prefecto de la Educación Católica también se detuvo bastante en hablar de otra de las áreas de su dicasterio, como lo es la de la formación sacerdotal en los seminarios. Indicó que está es la sección primera de la organización que dirige, y su importancia radica en que se debe garantizar una buena calidad en la formación de los futuros pastores de la Iglesia. Una formación que no sólo tome en cuenta los aspectos formales de las materias de estudio, sino que haga mucho énfasis en la experiencia espiritual de quienes serán guías de espiritualidad en sus parroquias y comunidades.
El Cardenal Grocholewski finalizó agradeciendo nuevamente la acogida recibida en el seno de la Conferencia Episcopal Venezolana.

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Prefecto de la Congregación para la Educación Católica de visita en el Táchira

El Prefecto de la Congregación para la Educación Católica del Vaticano, Cardenal Zenón Grocholewski, estará de visita en el Táchira del 15 al 18 de Abril, con motivo de la celebración de los 50 años de la Universidad Católica del Táchira (UCAT) y los 90 Años de la Diócesis de San Cristóbal.
El Discaterio que dirige el Cardenal Grocholewski tiene autoridad en tres sectores distintos: en los seminarios y casas de formación de religiosos e institutos seculares; en todas las universidades, facultades, institutos y escuelas de estudios superiores eclesiásticas y civiles que dependen de eclesiásticos; y en todas las escuelas e instituciones educativas que dependen de autoridades eclesiásticas.
Durante su estadía en el Táchira, y en representación del papa Benedicto XVI, participará en varias actividades formativas, conmemorativas y académicas. Entre las que destacan:
Domingo 15 Abril:
- Llegada al Aeropuerto de Santo Domingo, a las 5.00 pm.
Lunes 16 de Abril:
- Encuentro con Seminaristas y Formadores del Seminario Santo Tomás de Aquino, a las 10 am.
- Encuentro con las Autoridades de la UCAT: Consejo Fundacional, Consejo Universitario y Consejo de Administración, en la sede Seminario Diocesano a las 3 pm.
  • Eucaristía con motivo de los 50 años de la Universidad Católica del Táchira, en la Basílica Nuestra Señora de la Consolación, a las 7 pm.
Martes 17 de Abril:
- Eucaristía con los Colegios Católicos del Táchira, en la Catedral de San Cristóbal a las 8 am.
- Encuentro con el Presbiterio de la Diócesis de San Cristóbal, en el Seminario Diocesano a las 10 am.
- Acto Académico de conferimiento del Doctorado Honoris Causa en Derecho al Cardenal Zenón Grocholewski, e inauguración del I Congreso Regional de Investigación Educativa: "Educar para la Sabiduría y la Esperanza". En el auditorio del Seminario Diocesano a las 3 pm.
- Concierto de Gala del Cincuentenario de la UCAT por la Orquesta Sinfónica Juvenil del Estado Táchira, en el Auditorio del Seminario Diocesano a las 5 pm.
Miércoles 18 de Abril:
- Encuentro con los Rectores y Directores de las instituciones universitarias vinculadas a la Iglesia Católica en Venezuela. En la sede nueva de la UCAT, sector Sabana Larga, a las 9 am.
- Visita a la sede la UCAT, en Barrio Obrero, y saludo de jóvenes universitarios al Cardenal Grocholewski, a las 12 m.
Durante la visita del Cardenal encargado de la Congregación para la Educación Católica en el mundo se realizaran actos importantes como el desarrollo del Congreso Regional de Educación, y la bendición y colocación de la primera piedra de la Casa Sacerdotal de la Diócesis de San Cristóbal.
Prensa Diócesis SC.
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Mons Cástor Oswaldo Azuaje es el nuevo Obispo de Trujillo

El Papa ha aceptado la renuncia al gobierno pastoral de la diócesis de Trujillo (Venezuela), presentada por S.E. Mons. Vicente Ramón Hernández Peña, en conformidad con el cánon 401 § 1 del Código de Derecho Canónico.
El Santo Padre ha nombrado Obispo de Trujillo (Venezuela) a S.E. Mons. Cástor Oswaldo Azuaje Pérez, O.C.D., hasta ahora Obispo titular de Vertara y Auxiliar de Maracaibo (Venezuela).
S.E. Mons. Cástor Oswaldo Azuaje Pérez, O.C.D.
S.E. Mons. Cástor Oswaldo Azuaje Pérez, O.C.D., nació en Maracaibo el 19 de octubre de 1951. Ha realizado estudios eclesiásticos de Filosofía en el Seminario de los Padres Capuchinos y en Seminario arquidiocesano de Zaragoza (España). Transcurrido un año en el Monasterio Carmelita del Monte Carmelo (Israel), ha realizado después estudios de Teología en el Pontificio Instituto de Espiritualidad Teresianum de Roma. Obtuvo la Licencia en Teología Moral en la Academia Alfonsiana de Roma y realizó también estudios de Espiritualidad en el Centro Internacional de Teología Espiritual de Avila (España).
Pronunció los votos solemnes en la Orden de los Carmelitas Descalzos el 31 de Agosto de 1974.
Fue ordenado sacerdote el 25 de diciembre de 1975.
Después de la ordenación sacerdotal ha trabajado como sacerdote en Costa Rica del 1978 hasta 1984 y después regresó a venezuela donde desarrolló su ministerio en las ciudades de Barquisimeto (1984 – 1993) y Mérida (1993-2005), prestando también su servicio como profesor de teología en los respectivos Semnarios Diocesanos. Desde el 1998 y hasta el 2005 tuvo el oficio de Vicario Episcopal para la Vida Consagrada en la arquidiócesis de Mérida, y entre el 2005 y el 2007 fue el Delegado General para la Venezuela de los Hermanos Carmelitas Descalzos.
El 30 de junio de 2007 fue nombrado Obispo Titular de Vertara y Auxiliar de la arquidiócesis de Maracaibo. Recibió la ordenación episcopale l 31 de agosto del mismo año 2007.


Nombrado Mons. José Manuel Romero Barrios como Obispo Auxiliar de Barcelona
El Santo Padre ha nombrado Obispo Auxiliar de la diócesis de Barcelona (Venezuela) a Mons. José Manuel Romero Barrios, del clero de la misma diócesis, quien se desempeñaba como Vicario general, asignándole la sede titular de Materiana.
Mons. José Manuel Romero Barrios
Mons.
José Manuel Romero Barrios nació en Pariaguán, diócesis de Barcelona, el 9 de abril de 1955. Realizó los estudios eclesiásticos de Filosofia en el Seminario Mayor Interdiocesano de Caracas, y los teológicos en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, obteniendo la Licenciatura en Teologia Dogmatica.
Fue ordenado sacerdote el 1° de diciembre de 1979 para la diócesis de Barcelona.
Después de la ordenación sacerdotal, ha tenido los siguientes cargos: Vicepárroco de "San Juan Bautista" en Aragua de Barcelona; Vicerector y Prefecto de disciplina del Seminario Menor de Barcelona; Rector del Seminario Menor; Párroco de "Nuestra Señora del Carmen" en Barcelona; Párroco de la Catedral de Barcelona; Vicedirector del Instituto Universitario/Seminario interdiocesano "Santa Rosa de Lima" de Caracas; Rector del Teologado del Seminario Interdiocesano de Caracas; Vicerector de la Universidad "Santa Rosa de Lima" de Caracas; Vicario Episcopal para la pastoral; Párroco de "El Espíritu Santo" en Barcelona.
Desde el 2007 es Vicario general de la diócesis de Barcelona.
Desde 1991, es también Capellán Militar de Barcelona.

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*Acciones legales por el uso impropio de la imagen del Papa
Ciudad del Vaticano, 17 Nov. 11 (AICA)
Secretaría de Estado de la Santa Sede
Secretaría de Estado de la Santa Sede
Hoy se hizo público el siguiente comunicado de la Secretaría de Estado a propósito de una campaña publicitaria que utiliza de modo impropio la imagen del Santo Padre:

“La Secretaría de Estado encargó a sus abogados que emprendan, en Italia y en otros países, las acciones oportunas para impedir la circulación, también a través de los medios de comunicación de masas, del fotomontaje realizado en el ámbito de la campaña publicitaria de Benetton en el que aparece la imagen del Santo Padre de un modo, típicamente comercial, considerado lesivo no sólo para la dignidad del Papa y de la Iglesia Católica, sino también para la sensibilidad de los creyentes”.
“Es inaceptable. Es una gran falta de respeto. Ofende los sentimientos de los fieles”, declaró anoche el portavoz de la Santa Sede, padre Federico Lombardi SJ, a propósito de la campaña publicitaria de la firma italiana Benetton donde instrumentaliza en forma inapropiada un fotomontaje con el Santo Padre besándose con el imán de la mezquita de Al-Azhar en El Cairo. Luego de la enérgica protesta del Vaticano, la firma Benetton anunció el retiro del fotomontaje del Santo Padre con el líder egipcio en el Puente Sant’Ángelo de Roma. La declaración del vocero papal expresa: “Es necesario expresar una protesta decisiva por un uso inaceptable de la imagen del Santo Padre, manipulada e instrumentalizada en la foto de una campaña publicitaria de una gran casa de moda italiana con finalidad comercial”. Y agrega: “es una gran falta de respeto para el Papa, ofende los sentimientos de los fieles, es una demostración evidente de cómo en el ámbito de la publicidad se puedan violar las leyes elementales del respeto de las personas para llamar la atención por medio de la provocación”. Tras las críticas recibidas, Benetton señaló en un comunicado que "el objetivo de la campaña (Unhate) es combatir la cultura del odio en todas sus formas". La campaña publicitaria incluye otros besos igualmente falsos entre Barack Obama y Hugo Chávez, Angela Merkel y Nicolas Sarkozy, entre otros.+

El Papa defiende derecho humano a la libertad religiosa

VATICANO, 12 Nov. 11 / 08:59 am (ACI/EWTN Noticias)
El Papa Benedicto XVI recibió esta mañana al Presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, con quien conversó sobre diversos temas de interés común como la defensa de la libertad religiosa entendida como un derecho humano.
La Oficina de Prensa de la Santa Sede dio a conocer un comunicado en el que se indica que "los coloquios, desarrollados en un clima de cordialidad, permitieron un útil intercambio de opiniones sobre la situación internacional y sobre la contribución que la Iglesia Católica desea ofrecer a la Unión Europea".
Además, indica la nota, "en el curso del diálogo se ha subrayado, también, la promoción de los derechos humanos y, en particular la libertad religiosa".
Luego del encuentro con el Papa, Herman Van Rompuy se reunió con el Cardenal Tarcisio Bertone, Secretario de Estado Vaticano, acompañado de Mons. Dominique Mamberti, Secretario par alas Relaciones con los Estados.
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* Voluntariado católico no puede dejarse seducir por ideologías, dice el Papa Benedicto XVI.


VATICANO, 11 Nov. 11 / 10:51 am (ACI/EWTN Noticias)

Al recibir esta mañana a los participantes de un encuentro promovido por el Pontificio Consejo Cor Unum, el Papa Benedicto XVI señaló que el voluntariado católico no puede dejarse seducir por las ideologías y tiene que ser reflejo del amor de Cristo.
A los asistentes del evento organizado en el marco del Año Europeo del Voluntariado, el Santo Padre agradeció "a los millones de voluntarios católicos, que contribuyen constante y generosamente, a la misión caritativa de la Iglesia en todo el mundo".

"En el momento presente, marcado por la crisis y la incertidumbre, vuestro compromiso impulsa con razón la confianza, porque muestra que la bondad sincera existe y que está creciendo en nuestro alrededor. Sin duda la fe de los católicos se refuerza viendo el bien que se hace en nombre de Cristo".
El Santo Padre dijo luego que "para los cristianos, el voluntariado no es sencillamente una expresión de buena voluntad. Se basa en su experiencia personal de Cristo –que fue el primero en servir a la humanidad, dando su vida libremente, por el bien de todos– como experimentamos en la Eucaristía".

Siendo voluntarios, indicó, "también nos convertimos en instrumentos visibles del amor de Cristo en un mundo que anhela ese amor en medio de la pobreza, la soledad, la marginación y la ignorancia que nos rodea".
El Papa resaltó luego que "el voluntariado católico no puede, por supuesto, responder a todas estas necesidades, pero ello no nos desalienta. Tampoco debemos dejarnos seducir por ideologías, que quieren cambiar el mundo según una visión puramente humana".

"Lo poco que logramos hacer para aliviar las necesidades humanas puede ser visto como una buena semilla que crecerá y dará mucho fruto, pues es un signo de la presencia y del amor de Cristo que, como el árbol en el Evangelio, crece para dar cobijo, protección y fuerza a todos los que así lo requieran".
Benedicto XVI destacó la necesidad de que las autoridades públicas reconozcan y agradezcan esta contribución de los católicos que permiten la mejora de la sociedad, subrayando luego las raíces de la caridad cristiana.
"Si estas raíces espirituales se niegan u ocultan y los criterios de nuestra colaboración se vuelven una mera utilidad, lo que distingue verdaderamente el servicio de voluntariado católico, corre el riesgo de perderse, en detrimento de toda la sociedad", alertó.

"Queridos amigos, me gustaría terminar animando a los jóvenes a descubrir el trabajo voluntario como una manera de crecer en el amor desinteresado, que es el que da el sentido más profundo a la vida. Los jóvenes responden sin tardar a la llamada del amor. Ayudémoslos a escuchar a Cristo, que llama a sus corazones y a que se acerquen a Él".
Finalmente el Papa dijo que "no debemos tener miedo de asumir este desafío radical que cambia la vida, ayudando a la juventud a aprender que nuestros corazones están hechos para amar y ser amado. La vida encuentra su plenitud gracias a la donación plena de sí mismos".

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* Iglesia en Cuba agradece posible viaje del Papa Benedicto XVI


LA HABANA, 11 Nov. 11 / 11:19 am (ACI/EWTN Noticias)

El Arzobispo de La Habana (Cuba), Cardenal Jaime Ortega y Alamino, agradeció al Papa Benedicto XVI por estudiar la posibilidad de visitar la isla en 2012, pues ir a "México era como una deuda, pero Cuba es una prioridad".
En declaraciones a los periodistas, el Cardenal dijo que el Papa "le ha dado la prioridad a Cuba". "La prioridad la ha puesto el Papa al venir aquí", afirmó.
El Purpurado recordó la visita de Juan Pablo II a la isla en 1998. Señaló que fue el primer Papa en viajar a Cuba y esto "marcó mucho nuestra historia como Iglesia, pero también como nación. Hay algo que quedó en toda nuestra manera de concebir las cosas que hizo posible que aquella visita dejara una huella".
Explicó que a raíz de este viaje las relaciones con el Gobierno comunista mejoraron y gracias a ello se inició en el año 2010 una peregrinación masiva nacional de la Virgen de la Caridad de la Habana, la primera permitida desde que Fidel Castro tomó el poder en 1959. "Tiene un gran significado siempre el hecho de habernos escogido", señaló el Purpurado. "Miremos que en el mapa de Latinoamérica, él no ha ido a muchos países. Pero (Benedicto XVI) dijo: ‘quiero animar al pueblo cubano sobre todo en este año en que se cumplen los 400 años de la presencia de la Virgen de la Caridad’", añadió el Cardenal.
Por su parte, la Conferencia Episcopal de Cuba expresó en un comunicado su emoción ante la futura visita de Benedicto XVI. "Con gran alegría y viva esperanza recibimos y compartimos el anuncio de la visita a Cuba del Santo Padre Benedicto XVI prevista para la primavera (boreal) del año 2012", manifestaron los obispos.
Dijeron que "este feliz anuncio lo recibimos como regalo de la Virgen de la Caridad, Madre de todos los cubanos, a quien el Santo Padre vendrá como peregrino a venerar junto con todos nosotros en el Año Jubilar".

El viaje de Benedicto XVI coincidirá con el cuarto centenario del hallazgo en el mar de la imagen de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, Patrona de Cuba, que fue coronada en el año 1998 por el Papa Juan Pablo II.


CARTA APOSTÓLICA
EN FORMA DE MOTU PROPRIO


DEL SUMO PONTÍFICE
BENEDICTO XVI

CON LA QUE SE CONVOCA EL AÑO DE LA FE

1. «La puerta de la fe» (cf. Hch 14, 27), que introduce en la vida de comunión con Dios y permite la entrada en su Iglesia, está siempre abierta para nosotros. Se cruza ese umbral cuando la Palabra de Dios se anuncia y el corazón se deja plasmar por la gracia que transforma. Atravesar esa puerta supone emprender un camino que dura toda la vida. Éste empieza con el bautismo (cf. Rm 6, 4), con el que podemos llamar a Dios con el nombre de Padre, y se concluye con el paso de la muerte a la vida eterna, fruto de la resurrección del Señor Jesús que, con el don del Espíritu Santo, ha querido unir en su misma gloria a cuantos creen en él (cf. Jn 17, 22). Profesar la fe en la Trinidad –Padre, Hijo y Espíritu Santo– equivale a creer en un solo Dios que es Amor (cf. 1 Jn 4, 8): el Padre, que en la plenitud de los tiempos envió a su Hijo para nuestra salvación; Jesucristo, que en el misterio de su muerte y resurrección redimió al mundo; el Espíritu Santo, que guía a la Iglesia a través de los siglos en la espera del retorno glorioso del Señor.

2. Desde el comienzo de mi ministerio como Sucesor de Pedro, he recordado la exigencia de redescubrir el camino de la fe para iluminar de manera cada vez más clara la alegría y el entusiasmo renovado del encuentro con Cristo. En la homilía de la santa Misa de inicio del Pontificado decía: «La Iglesia en su conjunto, y en ella sus pastores, como Cristo han de ponerse en camino para rescatar a los hombres del desierto y conducirlos al lugar de la vida, hacia la amistad con el Hijo de Dios, hacia Aquel que nos da la vida, y la vida en plenitud»[1]. Sucede hoy con frecuencia que los cristianos se preocupan mucho por las consecuencias sociales, culturales y políticas de su compromiso, al mismo tiempo que siguen considerando la fe como un presupuesto obvio de la vida común. De hecho, este presupuesto no sólo no aparece como tal, sino que incluso con frecuencia es negado[2]. Mientras que en el pasado era posible reconocer un tejido cultural unitario, ampliamente aceptado en su referencia al contenido de la fe y a los valores inspirados por ella, hoy no parece que sea ya así en vastos sectores de la sociedad, a causa de una profunda crisis de fe que afecta a muchas personas.

3. No podemos dejar que la sal se vuelva sosa y la luz permanezca oculta (cf. Mt 5, 13-16). Como la samaritana, también el hombre actual puede sentir de nuevo la necesidad de acercarse al pozo para escuchar a Jesús, que invita a creer en él y a extraer el agua viva que mana de su fuente (cf. Jn 4, 14). Debemos descubrir de nuevo el gusto de alimentarnos con la Palabra de Dios, transmitida fielmente por la Iglesia, y el Pan de la vida, ofrecido como sustento a todos los que son sus discípulos (cf. Jn 6, 51). En efecto, la enseñanza de Jesús resuena todavía hoy con la misma fuerza: «Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna» (Jn 6, 27). La pregunta planteada por los que lo escuchaban es también hoy la misma para nosotros: «¿Qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?» (Jn 6, 28). Sabemos la respuesta de Jesús: «La obra de Dios es ésta: que creáis en el que él ha enviado» (Jn 6, 29). Creer en Jesucristo es, por tanto, el camino para poder llegar de modo definitivo a la salvación.

4. A la luz de todo esto, he decidido convocar un Año de la fe. Comenzará el 11 de octubre de 2012, en el cincuenta aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, y terminará en la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, el 24 de noviembre de 2013. En la fecha del 11 de octubre de 2012, se celebrarán también los veinte años de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica, promulgado por mi Predecesor, el beato Papa Juan Pablo II,[3]con la intención de ilustrar a todos los fieles la fuerza y belleza de la fe. Este documento, auténtico fruto del Concilio Vaticano II, fue querido por el Sínodo Extraordinario de los Obispos de 1985 como instrumento al servicio de la catequesis[4], realizándose mediante la colaboración de todo el Episcopado de la Iglesia católica. Y precisamente he convocado la Asamblea General del Sínodo de los Obispos, en el mes de octubre de 2012, sobre el tema de La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana. Será una buena ocasión para introducir a todo el cuerpo eclesial en un tiempo de especial reflexión y redescubrimiento de la fe. No es la primera vez que la Iglesia está llamada a celebrar un Año de la fe. Mi venerado Predecesor, el Siervo de Dios Pablo VI, proclamó uno parecido en 1967, para conmemorar el martirio de los apóstoles Pedro y Pablo en el décimo noveno centenario de su supremo testimonio. Lo concibió como un momento solemne para que en toda la Iglesia se diese «una auténtica y sincera profesión de la misma fe»; además, quiso que ésta fuera confirmada de manera «individual y colectiva, libre y consciente, interior y exterior, humilde y franca»[5]. Pensaba que de esa manera toda la Iglesia podría adquirir una «exacta conciencia de su fe, para reanimarla, para purificarla, para confirmarla y para confesarla»[6]. Las grandes transformaciones que tuvieron lugar en aquel Año, hicieron que la necesidad de dicha celebración fuera todavía más evidente. Ésta concluyó con la Profesión de fe del Pueblo de Dios[7], para testimoniar cómo los contenidos esenciales que desde siglos constituyen el patrimonio de todos los creyentes tienen necesidad de ser confirmados, comprendidos y profundizados de manera siempre nueva, con el fin de dar un testimonio coherente en condiciones históricas distintas a las del pasado.

5. En ciertos aspectos, mi Venerado Predecesor vio ese Año como una «consecuencia y exigencia postconciliar»[8], consciente de las graves dificultades del tiempo, sobre todo con respecto a la profesión de la fe verdadera y a su recta interpretación. He pensado que iniciar el Año de la fe coincidiendo con el cincuentenario de la apertura del Concilio Vaticano II puede ser una ocasión propicia para comprender que los textos dejados en herencia por los Padres conciliares, según las palabras del beato Juan Pablo II, «no pierden su valor ni su esplendor. Es necesario leerlos de manera apropiada y que sean conocidos y asimilados como textos cualificados y normativos del Magisterio, dentro de la Tradición de la Iglesia. […] Siento más que nunca el deber de indicar el Concilio como la gran gracia de la que la Iglesia se ha beneficiado en el siglo XX. Con el Concilio se nos ha ofrecido una brújula segura para orientarnos en el camino del siglo que comienza»[9]. Yo también deseo reafirmar con fuerza lo que dije a propósito del Concilio pocos meses después de mi elección como Sucesor de Pedro: «Si lo leemos y acogemos guiados por una hermenéutica correcta, puede ser y llegar a ser cada vez más una gran fuerza para la renovación siempre necesaria de la Iglesia»[10].

6. La renovación de la Iglesia pasa también a través del testimonio ofrecido por la vida de los creyentes: con su misma existencia en el mundo, los cristianos están llamados efectivamente a hacer resplandecer la Palabra de verdad que el Señor Jesús nos dejó. Precisamente el Concilio, en la Constitución dogmática Lumen gentium, afirmaba: «Mientras que Cristo, “santo, inocente, sin mancha” (Hb 7, 26), no conoció el pecado (cf. 2 Co 5, 21), sino que vino solamente a expiar los pecados del pueblo (cf. Hb 2, 17), la Iglesia, abrazando en su seno a los pecadores, es a la vez santa y siempre necesitada de purificación, y busca sin cesar la conversión y la renovación. La Iglesia continúa su peregrinación “en medio de las persecuciones del mundo y de los consuelos de Dios”, anunciando la cruz y la muerte del Señor hasta que vuelva (cf. 1 Co 11, 26). Se siente fortalecida con la fuerza del Señor resucitado para poder superar con paciencia y amor todos los sufrimientos y dificultades, tanto interiores como exteriores, y revelar en el mundo el misterio de Cristo, aunque bajo sombras, sin embargo, con fidelidad hasta que al final se manifieste a plena luz»[11].

En esta perspectiva, el Año de la fe es una invitación a una auténtica y renovada conversión al Señor, único Salvador del mundo. Dios, en el misterio de su muerte y resurrección, ha revelado en plenitud el Amor que salva y llama a los hombres a la conversión de vida mediante la remisión de los pecados (cf. Hch 5, 31). Para el apóstol Pablo, este Amor lleva al hombre a una nueva vida: «Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, lo mismo que Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva» (Rm 6, 4). Gracias a la fe, esta vida nueva plasma toda la existencia humana en la novedad radical de la resurrección. En la medida de su disponibilidad libre, los pensamientos y los afectos, la mentalidad y el comportamiento del hombre se purifican y transforman lentamente, en un proceso que no termina de cumplirse totalmente en esta vida. La «fe que actúa por el amor» (Ga 5, 6) se convierte en un nuevo criterio de pensamiento y de acción que cambia toda la vida del hombre (cf. Rm 12, 2; Col 3, 9-10; Ef 4, 20-29; 2 Co 5, 17).

7. «Caritas Christi urget nos» (2 Co 5, 14): es el amor de Cristo el que llena nuestros corazones y nos impulsa a evangelizar. Hoy como ayer, él nos envía por los caminos del mundo para proclamar su Evangelio a todos los pueblos de la tierra (cf. Mt 28, 19). Con su amor, Jesucristo atrae hacia sí a los hombres de cada generación: en todo tiempo, convoca a la Iglesia y le confía el anuncio del Evangelio, con un mandato que es siempre nuevo. Por eso, también hoy es necesario un compromiso eclesial más convencido en favor de una nueva evangelización para redescubrir la alegría de creer y volver a encontrar el entusiasmo de comunicar la fe. El compromiso misionero de los creyentes saca fuerza y vigor del descubrimiento cotidiano de su amor, que nunca puede faltar. La fe, en efecto, crece cuando se vive como experiencia de un amor que se recibe y se comunica como experiencia de gracia y gozo. Nos hace fecundos, porque ensancha el corazón en la esperanza y permite dar un testimonio fecundo: en efecto, abre el corazón y la mente de los que escuchan para acoger la invitación del Señor a aceptar su Palabra para ser sus discípulos. Como afirma san Agustín, los creyentes «se fortalecen creyendo»[12]. El santo Obispo de Hipona tenía buenos motivos para expresarse de esta manera. Como sabemos, su vida fue una búsqueda continua de la belleza de la fe hasta que su corazón encontró descanso en Dios.[13]Sus numerosos escritos, en los que explica la importancia de creer y la verdad de la fe, permanecen aún hoy como un patrimonio de riqueza sin igual, consintiendo todavía a tantas personas que buscan a Dios encontrar el sendero justo para acceder a la «puerta de la fe».

Así, la fe sólo crece y se fortalece creyendo; no hay otra posibilidad para poseer la certeza sobre la propia vida que abandonarse, en un in crescendo continuo, en las manos de un amor que se experimenta siempre como más grande porque tiene su origen en Dios.

8. En esta feliz conmemoración, deseo invitar a los hermanos Obispos de todo el Orbe a que se unan al Sucesor de Pedro en el tiempo de gracia espiritual que el Señor nos ofrece para rememorar el don precioso de la fe. Queremos celebrar este Año de manera digna y fecunda. Habrá que intensificar la reflexión sobre la fe para ayudar a todos los creyentes en Cristo a que su adhesión al Evangelio sea más consciente y vigorosa, sobre todo en un momento de profundo cambio como el que la humanidad está viviendo. Tendremos la oportunidad de confesar la fe en el Señor Resucitado en nuestras catedrales e iglesias de todo el mundo; en nuestras casas y con nuestras familias, para que cada uno sienta con fuerza la exigencia de conocer y transmitir mejor a las generaciones futuras la fe de siempre. En este Año, las comunidades religiosas, así como las parroquiales, y todas las realidades eclesiales antiguas y nuevas, encontrarán la manera de profesar públicamente el Credo.

9. Deseamos que este Año suscite en todo creyente la aspiración a confesar la fe con plenitud y renovada convicción, con confianza y esperanza. Será también una ocasión propicia para intensificar la celebración de la fe en la liturgia, y de modo particular en la Eucaristía, que es «la cumbre a la que tiende la acción de la Iglesia y también la fuente de donde mana toda su fuerza»[14]. Al mismo tiempo, esperamos que el testimonio de vida de los creyentes sea cada vez más creíble. Redescubrir los contenidos de la fe profesada, celebrada, vivida y rezada[15], y reflexionar sobre el mismo acto con el que se cree, es un compromiso que todo creyente debe de hacer propio, sobre todo en este Año.

No por casualidad, los cristianos en los primeros siglos estaban obligados a aprender de memoria el Credo. Esto les servía como oración cotidiana para no olvidar el compromiso asumido con el bautismo. San Agustín lo recuerda con unas palabras de profundo significado, cuando en un sermón sobre la redditio symboli, la entrega del Credo, dice: «El símbolo del sacrosanto misterio que recibisteis todos a la vez y que hoy habéis recitado uno a uno, no es otra cosa que las palabras en las que se apoya sólidamente la fe de la Iglesia, nuestra madre, sobre la base inconmovible que es Cristo el Señor. […] Recibisteis y recitasteis algo que debéis retener siempre en vuestra mente y corazón y repetir en vuestro lecho; algo sobre lo que tenéis que pensar cuando estáis en la calle y que no debéis olvidar ni cuando coméis, de forma que, incluso cuando dormís corporalmente, vigiléis con el corazón»[16].

10. En este sentido, quisiera esbozar un camino que sea útil para comprender de manera más profunda no sólo los contenidos de la fe sino, juntamente también con eso, el acto con el que decidimos de entregarnos totalmente y con plena libertad a Dios. En efecto, existe una unidad profunda entre el acto con el que se cree y los contenidos a los que prestamos nuestro asentimiento. El apóstol Pablo nos ayuda a entrar dentro de esta realidad cuando escribe: «con el corazón se cree y con los labios se profesa» (cf. Rm 10, 10). El corazón indica que el primer acto con el que se llega a la fe es don de Dios y acción de la gracia que actúa y transforma a la persona hasta en lo más íntimo.

A este propósito, el ejemplo de Lidia es muy elocuente. Cuenta san Lucas que Pablo, mientras se encontraba en Filipos, fue un sábado a anunciar el Evangelio a algunas mujeres; entre estas estaba Lidia y el «Señor le abrió el corazón para que aceptara lo que decía Pablo» (Hch 16, 14). El sentido que encierra la expresión es importante. San Lucas enseña que el conocimiento de los contenidos que se han de creer no es suficiente si después el corazón, auténtico sagrario de la persona, no está abierto por la gracia que permite tener ojos para mirar en profundidad y comprender que lo que se ha anunciado es la Palabra de Dios.

Profesar con la boca indica, a su vez, que la fe implica un testimonio y un compromiso público. El cristiano no puede pensar nunca que creer es un hecho privado. La fe es decidirse a estar con el Señor para vivir con él. Y este «estar con él» nos lleva a comprender las razones por las que se cree. La fe, precisamente porque es un acto de la libertad, exige también la responsabilidad social de lo que se cree. La Iglesia en el día de Pentecostés muestra con toda evidencia esta dimensión pública del creer y del anunciar a todos sin temor la propia fe. Es el don del Espíritu Santo el que capacita para la misión y fortalece nuestro testimonio, haciéndolo franco y valeroso.

La misma profesión de fe es un acto personal y al mismo tiempo comunitario. En efecto, el primer sujeto de la fe es la Iglesia. En la fe de la comunidad cristiana cada uno recibe el bautismo, signo eficaz de la entrada en el pueblo de los creyentes para alcanzar la salvación. Como afirma el Catecismo de la Iglesia Católica: «“Creo”: Es la fe de la Iglesia profesada personalmente por cada creyente, principalmente en su bautismo. “Creemos”: Es la fe de la Iglesia confesada por los obispos reunidos en Concilio o, más generalmente, por la asamblea litúrgica de los creyentes. “Creo”, es también la Iglesia, nuestra Madre, que responde a Dios por su fe y que nos enseña a decir: “creo”, “creemos”»[17].

Como se puede ver, el conocimiento de los contenidos de la fe es esencial para dar el propio asentimiento, es decir, para adherirse plenamente con la inteligencia y la voluntad a lo que propone la Iglesia. El conocimiento de la fe introduce en la totalidad del misterio salvífico revelado por Dios. El asentimiento que se presta implica por tanto que, cuando se cree, se acepta libremente todo el misterio de la fe, ya que quien garantiza su verdad es Dios mismo que se revela y da a conocer su misterio de amor[18].

Por otra parte, no podemos olvidar que muchas personas en nuestro contexto cultural, aún no reconociendo en ellos el don de la fe, buscan con sinceridad el sentido último y la verdad definitiva de su existencia y del mundo. Esta búsqueda es un auténtico «preámbulo» de la fe, porque lleva a las personas por el camino que conduce al misterio de Dios. La misma razón del hombre, en efecto, lleva inscrita la exigencia de «lo que vale y permanece siempre»[19]. Esta exigencia constituye una invitación permanente, inscrita indeleblemente en el corazón humano, a ponerse en camino para encontrar a Aquel que no buscaríamos si no hubiera ya venido[20]. La fe nos invita y nos abre totalmente a este encuentro.

11. Para acceder a un conocimiento sistemático del contenido de la fe, todos pueden encontrar en el Catecismo de la Iglesia Católica un subsidio precioso e indispensable. Es uno de los frutos más importantes del Concilio Vaticano II. En la Constitución apostólica Fidei depositum, firmada precisamente al cumplirse el trigésimo aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, el beato Juan Pablo II escribía: «Este Catecismo es una contribución importantísima a la obra de renovación de la vida eclesial... Lo declaro como regla segura para la enseñanza de la fe y como instrumento válido y legítimo al servicio de la comunión eclesial»[21].

Precisamente en este horizonte, el Año de la fe deberá expresar un compromiso unánime para redescubrir y estudiar los contenidos fundamentales de la fe, sintetizados sistemática y orgánicamente en el Catecismo de la Iglesia Católica. En efecto, en él se pone de manifiesto la riqueza de la enseñanza que la Iglesia ha recibido, custodiado y ofrecido en sus dos mil años de historia. Desde la Sagrada Escritura a los Padres de la Iglesia, de los Maestros de teología a los Santos de todos los siglos, el Catecismo ofrece una memoria permanente de los diferentes modos en que la Iglesia ha meditado sobre la fe y ha progresado en la doctrina, para dar certeza a los creyentes en su vida de fe.

En su misma estructura, el Catecismo de la Iglesia Católica presenta el desarrollo de la fe hasta abordar los grandes temas de la vida cotidiana. A través de sus páginas se descubre que todo lo que se presenta no es una teoría, sino el encuentro con una Persona que vive en la Iglesia. A la profesión de fe, de hecho, sigue la explicación de la vida sacramental, en la que Cristo está presente y actúa, y continúa la construcción de su Iglesia. Sin la liturgia y los sacramentos, la profesión de fe no tendría eficacia, pues carecería de la gracia que sostiene el testimonio de los cristianos. Del mismo modo, la enseñanza del Catecismo sobre la vida moral adquiere su pleno sentido cuando se pone en relación con la fe, la liturgia y la oración.

12. Así, pues, el Catecismo de la Iglesia Católica podrá ser en este Año un verdadero instrumento de apoyo a la fe, especialmente para quienes se preocupan por la formación de los cristianos, tan importante en nuestro contexto cultural. Para ello, he invitado a la Congregación para la Doctrina de la Fe a que, de acuerdo con los Dicasterios competentes de la Santa Sede, redacte una Nota con la que se ofrezca a la Iglesia y a los creyentes algunas indicaciones para vivir este Año de la fe de la manera más eficaz y apropiada, ayudándoles a creer y evangelizar.

En efecto, la fe está sometida más que en el pasado a una serie de interrogantes que provienen de un cambio de mentalidad que, sobre todo hoy, reduce el ámbito de las certezas racionales al de los logros científicos y tecnológicos. Pero la Iglesia nunca ha tenido miedo de mostrar cómo entre la fe y la verdadera ciencia no puede haber conflicto alguno, porque ambas, aunque por caminos distintos, tienden a la verdad[22].

13. A lo largo de este Año, será decisivo volver a recorrer la historia de nuestra fe, que contempla el misterio insondable del entrecruzarse de la santidad y el pecado. Mientras lo primero pone de relieve la gran contribución que los hombres y las mujeres han ofrecido para el crecimiento y desarrollo de las comunidades a través del testimonio de su vida, lo segundo debe suscitar en cada uno un sincero y constante acto de conversión, con el fin de experimentar la misericordia del Padre que sale al encuentro de todos.

Durante este tiempo, tendremos la mirada fija en Jesucristo, «que inició y completa nuestra fe» (Hb 12, 2): en él encuentra su cumplimiento todo afán y todo anhelo del corazón humano. La alegría del amor, la respuesta al drama del sufrimiento y el dolor, la fuerza del perdón ante la ofensa recibida y la victoria de la vida ante el vacío de la muerte, todo tiene su cumplimiento en el misterio de su Encarnación, de su hacerse hombre, de su compartir con nosotros la debilidad humana para transformarla con el poder de su resurrección. En él, muerto y resucitado por nuestra salvación, se iluminan plenamente los ejemplos de fe que han marcado los últimos dos mil años de nuestra historia de salvación.

Por la fe, María acogió la palabra del Ángel y creyó en el anuncio de que sería la Madre de Dios en la obediencia de su entrega (cf. Lc 1, 38). En la visita a Isabel entonó su canto de alabanza al Omnipotente por las maravillas que hace en quienes se encomiendan a Él (cf. Lc 1, 46-55). Con gozo y temblor dio a luz a su único hijo, manteniendo intacta su virginidad (cf. Lc 2, 6-7). Confiada en su esposo José, llevó a Jesús a Egipto para salvarlo de la persecución de Herodes (cf. Mt 2, 13-15). Con la misma fe siguió al Señor en su predicación y permaneció con él hasta el Calvario (cf. Jn 19, 25-27). Con fe, María saboreó los frutos de la resurrección de Jesús y, guardando todos los recuerdos en su corazón (cf. Lc 2, 19.51), los transmitió a los Doce, reunidos con ella en el Cenáculo para recibir el Espíritu Santo (cf. Hch 1, 14; 2, 1-4).

Por la fe, los Apóstoles dejaron todo para seguir al Maestro (cf. Mt 10, 28). Creyeron en las palabras con las que anunciaba el Reino de Dios, que está presente y se realiza en su persona (cf. Lc 11, 20). Vivieron en comunión de vida con Jesús, que los instruía con sus enseñanzas, dejándoles una nueva regla de vida por la que serían reconocidos como sus discípulos después de su muerte (cf. Jn 13, 34-35). Por la fe, fueron por el mundo entero, siguiendo el mandato de llevar el Evangelio a toda criatura (cf. Mc 16, 15) y, sin temor alguno, anunciaron a todos la alegría de la resurrección, de la que fueron testigos fieles.

Por la fe, los discípulos formaron la primera comunidad reunida en torno a la enseñanza de los Apóstoles, la oración y la celebración de la Eucaristía, poniendo en común todos sus bienes para atender las necesidades de los hermanos (cf. Hch 2, 42-47).

Por la fe, los mártires entregaron su vida como testimonio de la verdad del Evangelio, que los había trasformado y hecho capaces de llegar hasta el mayor don del amor con el perdón de sus perseguidores.

Por la fe, hombres y mujeres han consagrado su vida a Cristo, dejando todo para vivir en la sencillez evangélica la obediencia, la pobreza y la castidad, signos concretos de la espera del Señor que no tarda en llegar. Por la fe, muchos cristianos han promovido acciones en favor de la justicia, para hacer concreta la palabra del Señor, que ha venido a proclamar la liberación de los oprimidos y un año de gracia para todos (cf. Lc 4, 18-19).

Por la fe, hombres y mujeres de toda edad, cuyos nombres están escritos en el libro de la vida (cf. Ap 7, 9; 13, 8), han confesado a lo largo de los siglos la belleza de seguir al Señor Jesús allí donde se les llamaba a dar testimonio de su ser cristianos: en la familia, la profesión, la vida pública y el desempeño de los carismas y ministerios que se les confiaban.

También nosotros vivimos por la fe: para el reconocimiento vivo del Señor Jesús, presente en nuestras vidas y en la historia.

14. El Año de la fe será también una buena oportunidad para intensificar el testimonio de la caridad. San Pablo nos recuerda: «Ahora subsisten la fe, la esperanza y la caridad, estas tres. Pero la mayor de ellas es la caridad» (1 Co 13, 13). Con palabras aún más fuertes —que siempre atañen a los cristianos—, el apóstol Santiago dice: «¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Podrá acaso salvarlo esa fe? Si un hermano o una hermana andan desnudos y faltos de alimento diario y alguno de vosotros les dice: “Id en paz, abrigaos y saciaos”, pero no les da lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? Así es también la fe: si no se tienen obras, está muerta por dentro. Pero alguno dirá: “Tú tienes fe y yo tengo obras, muéstrame esa fe tuya sin las obras, y yo con mis obras te mostraré la fe”» (St 2, 14-18).

La fe sin la caridad no da fruto, y la caridad sin fe sería un sentimiento constantemente a merced de la duda. La fe y el amor se necesitan mutuamente, de modo que una permite a la otra seguir su camino. En efecto, muchos cristianos dedican sus vidas con amor a quien está solo, marginado o excluido, como el primero a quien hay que atender y el más importante que socorrer, porque precisamente en él se refleja el rostro mismo de Cristo. Gracias a la fe podemos reconocer en quienes piden nuestro amor el rostro del Señor resucitado. «Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis» (Mt 25, 40): estas palabras suyas son una advertencia que no se ha de olvidar, y una invitación perenne a devolver ese amor con el que él cuida de nosotros. Es la fe la que nos permite reconocer a Cristo, y es su mismo amor el que impulsa a socorrerlo cada vez que se hace nuestro prójimo en el camino de la vida. Sostenidos por la fe, miramos con esperanza a nuestro compromiso en el mundo, aguardando «unos cielos nuevos y una tierra nueva en los que habite la justicia» (2 P 3, 13; cf. Ap 21, 1).

15. Llegados sus últimos días, el apóstol Pablo pidió al discípulo Timoteo que «buscara la fe» (cf. 2 Tm 2, 22) con la misma constancia de cuando era niño (cf. 2 Tm 3, 15). Escuchemos esta invitación como dirigida a cada uno de nosotros, para que nadie se vuelva perezoso en la fe. Ella es compañera de vida que nos permite distinguir con ojos siempre nuevos las maravillas que Dios hace por nosotros. Tratando de percibir los signos de los tiempos en la historia actual, nos compromete a cada uno a convertirnos en un signo vivo de la presencia de Cristo resucitado en el mundo. Lo que el mundo necesita hoy de manera especial es el testimonio creíble de los que, iluminados en la mente y el corazón por la Palabra del Señor, son capaces de abrir el corazón y la mente de muchos al deseo de Dios y de la vida verdadera, ésa que no tiene fin.

«Que la Palabra del Señor siga avanzando y sea glorificada» (2 Ts 3, 1): que este Año de la fe haga cada vez más fuerte la relación con Cristo, el Señor, pues sólo en él tenemos la certeza para mirar al futuro y la garantía de un amor auténtico y duradero. Las palabras del apóstol Pedro proyectan un último rayo de luz sobre la fe: «Por ello os alegráis, aunque ahora sea preciso padecer un poco en pruebas diversas; así la autenticidad de vuestra fe, más preciosa que el oro, que, aunque es perecedero, se aquilata a fuego, merecerá premio, gloria y honor en la revelación de Jesucristo; sin haberlo visto lo amáis y, sin contemplarlo todavía, creéis en él y así os alegráis con un gozo inefable y radiante, alcanzando así la meta de vuestra fe; la salvación de vuestras almas» (1 P 1, 6-9). La vida de los cristianos conoce la experiencia de la alegría y el sufrimiento. Cuántos santos han experimentado la soledad. Cuántos creyentes son probados también en nuestros días por el silencio de Dios, mientras quisieran escuchar su voz consoladora. Las pruebas de la vida, a la vez que permiten comprender el misterio de la Cruz y participar en los sufrimientos de Cristo (cf. Col 1, 24), son preludio de la alegría y la esperanza a la que conduce la fe: «Cuando soy débil, entonces soy fuerte» (2 Co 12, 10). Nosotros creemos con firme certeza que el Señor Jesús ha vencido el mal y la muerte. Con esta segura confianza nos encomendamos a él: presente entre nosotros, vence el poder del maligno (cf. Lc 11, 20), y la Iglesia, comunidad visible de su misericordia, permanece en él como signo de la reconciliación definitiva con el Padre.

Confiemos a la Madre de Dios, proclamada «bienaventurada porque ha creído» (Lc 1, 45), este tiempo de gracia.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el 11 de octubre del año 2011, séptimo de mi Pontificado











* ES PARCIAL LA SANCIÓN IMPUESTA AL CANAL DE NOTICIAS GLOBOVISIÓN

SEGÚN LO EXPRESADO POR EL ARZOBISPO DE MÉRIDA MONS. BALTAZAR E. PORRAS CARDOZO

Caracas, 20 oct (EFE).- El vicepresidente primero de la Conferencia Episcopal Venezolana, Baltazar Porras, dijo hoy que la sanción impuesta por la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel) al canal de televisión Globovisión es "a todas luces parcial".
La medida "a todas luces resulta parcial, habiendo otros medios en los que se insulta, en los que se dicen groserías, en los que se puede llevar por delante la forma de otras personas y no sucede absolutamente nada", declaró Porras en conferencia de prensa.
El también arzobispo de Mérida se refería así a la multa de 9,3 millones de bolívares (1,5 millones de euros) al canal de televisión, de línea crítica con el Gobierno, por su tratamiento periodístico de la crisis penitenciaria en el complejo carcelario de El Rodeo en junio pasado.
Porras afirmó que es necesario que al "hablar no esté uno como pensando que la espada de Damocles le va a caer encima con multas, con cárcel, con vejaciones de cualquier tipo".
Además, consideró "preocupante" la adopción de medidas que cierren las puertas del diálogo, y que "se genere una actitud de mayor miedo, de desconfianza y el que se generen este tipo de medidas".
"Es necesario y eso todos, como ciudadanos, debemos buscar la forma de tener el derecho y el deber de tener información que no solamente sea sesgada, que no solamente sea de un solo lado", indicó.
La multa impuesta por Conatel supone el 7,5 % de los ingresos brutos que tuvo durante 2010 Globovisión.
El ente gubernamental motivó la sanción en la acusación al canal de hacer apología del delito "por el comportamiento editorial y el tratamiento como abordó" la crisis de la cárcel de El Rodeo, a unos 40 kilómetros de Caracas, donde a lo largo de casi un mes un millar de reclusos resistió un cerco militar. EFE

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* DECLARACION DE LA
CONFERENCIA EPISCOPAL VENEZOLANA
ANTE LOS VENIDEROS PROCESOS ELECTORALES
1.- Los Arzobispos y Obispos de Venezuela, reunidos en la XLII Asamblea Plenaria Extraordinaria, saludamos con afecto sincero al Pueblo de Dios que peregrina en Venezuela y a todos los habitantes de nuestra Patria. Queremos compartir con todos algunas reflexiones sobre un tema inquietante y de vital importancia para el presente y futuro de la nación, como es el largo proceso electoral que se avecina.
2.- Los Obispos somos conscientes de que como ciudadanos responsables y creyentes motivados por los valores del Evangelio, nuestra vocación cristiana y misión pastoral implican contribuir a que todos los ciudadanos seamos constructores de paz, de reconciliación y de entendimiento entre todos.
3.- Las elecciones en los años venideros son de gran relevancia: primero elegiremos al Presidente de la República (7 de octubre 2012), luego a los Gobernadores de Estado e integrantes de los Consejos Legislativos (16 diciembre 2012), y por último, a los Alcaldes y Miembros de los Concejos Municipales (el 14 de abril 2013).
1.- EL VOTO UN DERECHO HUMANO PARA EL BIEN DE NUESTRO PUEBLO
4.- El avance de los derechos humanos a nivel universal ha incorporado el derecho al voto y el respeto de la decisión de cada uno, como uno de esos derechos, reconocido y protegido internacionalmente. La Doctrina Social de la Iglesia lo asume como una tarea inherente al ejercicio de la vida democrática e instrumento para preservar la paz y el entendimiento entre todos los ciudadanos.
5.- En ocasiones, los procesos electorales generan en algunos actores, una lucha y emocionalidad que requiere ser encauzada para evitar excesos, fanatismos, insultos, agresiones verbales o físicas, ventajismos, que, en el clima de polarización que vive el país, pueden conducir a actitudes poco cónsonas con la civilidad, racionalidad y respeto básicos que deben reinar por encima de cualquier diferencia.
6.- Las elecciones son para evaluar gestiones de gobierno y escoger entre propuestas alternativas, mandatarios responsables; así significan una oportunidad para demostrar la madurez cívica y el ejercicio de la soberanía popular de la población de un país. Ratificamos nuestro llamado acerca de la necesidad de garantizar que todos los pasos del proceso se desarrollen con el consenso y apoyo de todas las organizaciones que están involucradas. Por ello, sometemos a la consideración de todos algunos puntos que estamos
convencidos pueden ayudar a crecer en ciudadanía, preservar la paz y avizorar un futuro de convivencia y desarrollo.
2.- LAS ELECCIONES: UN DEBER DE PARTICIPACION DE TODOS CON RESPONSABILIDAD Y EFICIENCIA
7.- En efecto, es tarea de todos reforzar cuanto favorezca la paz para que se consolide una base sólida para la convivencia ciudadana. Este momento histórico exige crear y consolidar las mejores condiciones para que se fortalezcan el sentido ético, la tranquilidad y seguridad como responsabilidades que a cada uno nos toca.
8.- A los electores: somos seres humanos con dignidad inalienable, ciudadanos, hijos de esta tierra a la que nos debemos. Ser elector es un derecho y un deber. Participar supone interés por inscribirse, revisar su lugar de votación, animar a otros a que también lo hagan; pero todo proceso eleccionario exige un gran número de ciudadanos prestando una colaboración voluntaria, activa en la preparación, ejecución y preservación del voto. Los más jóvenes y nuevos electores deben ser animados por el ejemplo de los mayores en su responsabilidad ciudadana. Seamos proactivos y personas de esperanza. El país lo construimos todos. Y cada decisión, a través de los procesos eleccionarios, genera también responsabilidades ineludibles.
9.- Al Consejo Nacional Electoral: como ente rector de estos comicios tiene la máxima responsabilidad en la conducción del proceso electoral y por ello se le pide apego a los principios de igualdad, confiabilidad, imparcialidad y eficiencia, apegados a la norma constitucional, y se le debe ofrecer apoyo sincero y respetuoso para tal tarea. Un desarrollo sereno y transparente en todas las etapas contribuirá a fortalecer la paz y la convivencia de todos los venezolanos.
9a.- El Registro Electoral, en particular, debe ser depurado transparentemente. La inscripción en los consulados en el exterior debe garantizarse, así como superar los inconvenientes que han sido denunciados recientemente.
9b.- Se han señalado discrepancias en los criterios sobre la distribución de las mesas electorales. Es necesario disipar esas dudas. Mientras que en lugares muy poblados se concentran demasiados electores con los problemas típicos de colas interminables, en algunos lugares con menor densidad de población parece que hay un número excesivo de mesas.
10.- A los Miembros de Mesa: todo el pueblo espera el respeto a la voluntad ciudadana. Entre los actores electorales, los Miembros de Mesa siempre han jugado un papel específico, primordial e insustituible. Les exhortamos a participar con interés en esta noble responsabilidad, asumiendo la capacitación y el entrenamiento necesarios para que los procesos comiciales no dejen dudas en la ciudadanía.
3.- OBSERVACION INTERNACIONAL
11.- Un gran apoyo a la tranquilidad y confianza del electorado, es que el CNE invite a las organizaciones internacionales especializadas en observación electoral. Dicha observación externa, plural, calificada e invitada a tiempo, favorece a todos, pues crea un clima de confianza que ayuda a preservar la paz. Tanto si los resultados ofrecen márgenes amplios como estrechos, este instrumento, usado hoy por la mayoría de los países democráticos, es un invalorable aporte a la concordia ciudadana.
12.- Los Obispos estamos al servicio del pueblo todo. Trabajemos juntos por la convivencia serena de todos los venezolanos. Es el mejor aporte que podemos dar en estos momentos. Las sugerencias que hemos señalado buscan que reine la paz en la justicia, la libertad y la verdad, en esta tierra de gracia. Elevamos nuestra oración al Dios de la paz y la misericordia para que todos nos comprometamos en un proceso electoral en el que sobresalgan la armonía, el respeto, la fraternidad justa convivencia. ¡Santa María, Reina de la paz, ruega por nosotros!
Con nuestra bendición.
Caracas, 19 de Octubre de 2011
Los Arzobispos y Obispos de Venezuela.
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* Mons. Jose de la Trinidad Valera Angulo
NUEVO OBISPO DE LA DIÓCESIS DE GUANARE
Comunicado de la Nunciatura Apostólica en Venezuela
La Nunciatura Apostólica en la República Bolivariana de Venezuela, tiene el honor de comunicar que hoy, 12 de octubre de 2011, Su Santidad el Papa Benedicto XVI ha aceptado la dimisión del gobierno pastoral de la Diócesis de Guanare del Excmo. Mons. José S. Valero Ruz en conformidad al canon 401 & 1 del C.I.C y ha nombrado Obispo de Guanare a S.E. Revma. Mons. José de la Trinidad VALERA ANGULO, hasta ahora Obispo de La Guaira. Al mismo tiempo, el Santa Padre Benedicto XVI ha nombrado Administrador Apostólico sede vacante, de la Guaira a S.E. Mons. Tomás J. Zárraga Colmenares, Obispo de San Carlos.<< Curriculum Vitae >> de S.E. Mons. José de la Trinidad Valera Angulo El Excmo. Mons. José de la Trinidad Valera, nació el 3 de septiembre de 1947 en San Lázaro (Diócesis de Trujillo, Venezuela) Fue ordenado sacerdote el 2 de agosto de 1975 e incardinado a la Diócesis de Trujillo. Entre 1979 y 1982 realizó estudios de especialización en Roma en el Instituto Bíblico de la Pontificia Universidad Gregoriana obteniendo la Licencia en Teología Bíblica. Entre los años de 1984 y 1987, fue Directo de Liturgia y de Comunicación Social del CELAM en Bogotá (Colombia), del 1990 al 1993 fue Sub-Secretario de la Conferencia Episcopal Venezolana. Desarrolló su trabajo pastoral de párroco de la Parroquia “Santa Catalina de Siena” en Valera, Diócesis de Trujillo desde 1993 hasta 1997. Fue nombrado Obispo titular de Mozotcori y Auxiliar de Caracas el 15 de febrero de 1997, sucesivamente, consagrado el 19 de abril de 1997. Fue transferido a la sede residencial de La Guaira el 18 de Octubre del 2001.
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* Mons. Ulises A. Gutiérrez Reyes
NUEVO ARZOBISPO DE CIUDAD BOLÍVAR
Comunicado de la Nunciatura Apostólica en Venezuela

La Nunciatura Apostólica en la República Bolivariana de Venezuella, tiene el honor de comunicar que hoy, 27 de agosto de 2011, Su Santidad el Papa Benedicto XVI ha aceptado la dimisión del gobierno pastoral de la Arquidiócesis de Ciudad Bolívar del Excmo. Mons. Medardo L. Luzardo Romero en conformidad al canon 401 & 1 del C.I.C y ha nombrado Arzobispo de Ciudad Bolívar a S.E. Revma. Mons. Ulises A. GUTIÉRREZ REYES, O de M., actualmente Obispo de Carora.
El Excmo. Mons. Ulises Gutiérrez nació el 25 de abril de 1951 en Pedregal, Estado Falcón.
Realizó sus estudios secundarios en el Seminario Menor de San José de Coro, dirigido por los Mercedarios, y en 1967 entró al Noviciado Santa María del Olícar, de la misma Orden a Estercuel, en España. En el Filosofado de Santa María de el Puig. en Valencia (España), inició la preparación a las órdenes sagradas que continuó en Venezuela, frecuentando la Teología en el Seminario Santa Rosa de Lima de Caracas.
Fue ordenado sacerdorte el 27 de diciembre de 1977 en la Catedral de Coro. Fue párroco en Maracaibo, Administrador del Colegio Tirso Molina en Caracas y del 1994 hasta el 2000 fue Superior de la Vicaría venezolana de los Mercedarios. Fue tambien Responsable y Rector (2000-2003) del Seminario de la Orden, en Palmira, Táchira, en la Diócesis de San Cristobal.
Fue nombrado Obispo de Carora el 15 de diciembre del 2003 y recibió la ordenación episcopal el 27 de febrero del 2004. En el 2005 desempeño el cargo de Administrador Apostólico de la Diócesis de Cabimas. Es miembro de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Venezolana y Presidente de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada.
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Avisos Parroquiales:


Festividades del Mes Diciembre 2011.

1.- Domingo 04.
10:00 a.m. Domingo de Miverva
11:30 a.m. Fiesta de Santa Rosalía
Lugar: Capilla de Santa Rosalía.

2.-Domingo 11. Hora 10:00 a. m.
Fiesta de la Inmaculada Concepción.

3.- Jueves 15. Hora: 6:00 a.m. Misa de Pre-aguinaldo
Responsable: Unidad Educativa "Julio César Dávila".

4.- Viernes 16. Hora: 5:00 a.m. Inicio de la Novena de Aguinaldos.
Hora: 6:30 a.m. misa de Aguinaldo en la escuela de la Comunidad de Sulbarán.

5.- Domingo 18. Hora: 5:00 a.m. Misa de Aguinaldo.
6:30 a.m. Misa de Aguinaldo en la capilla de Sulbarán.

6.- Sábado 24. Hora: 3:00 p.m. Bautizos.
9:00 p.m. Celebración de la Navidad.

7.- Domingo 25. Hora: 4:00 p.m. Misa de navidad de los niños.

8.- Sábado 31. Hora: 4:00 p.m. Bautizos.
9:00 p.m. Misa de Fin de año.